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Garibaldi Anita e il Passator Cortese

UNA AVENTURA ROMANTICA

Acosados por los austriacos, en el agosto de 1849 Garibaldi y Anita huyen hacia las Valles de Comacchio. Una dramática odisea y el misterio de un tesoro fabuloso.
Una figura inmóvil aparece entre los juncos que rodean el Capanno di Pontaccio, entre el pinar de Ravenna y Porto Corsini. Es la tarde del 6 agosto 1849: agotado, con la ropa harapienta, descuidado por calor, Garibaldi mira a la laguna, meditando sobre las etapas de su dramática odisea: “Roma, San Marino, Cesenatico, los austriacos, la huida a pié y por barco hacia las Valles de Comacchio y Anita, su dulce y perdida Anita”.
La que hoy se conoce como la “trafila” – la huida – del general ocurrida entre el 3 y el 14 agosto 1849 por las Valles de Comacchio y alrededor de la ciudad de Ravenna es, en efecto, un apasionante trama en la que se mezclan drama, aventura y misterio.

Todo empieza en Roma, donde Garibaldi se fue para defender la Republica nacida el 8 de febrero de 1849. A final de junio la ciudad se rinde y el 2 de julio, el general con cuatro mil voluntarios, sale hacia la cuesta del mar Adriatico y Venecia, una de las últimas ciudades italianas que resiste el asedio de los austriacos. Están con él, su padre  Ugo Bassi y su mujer Anita, embarazada por la quinta vez, que lo alcanzó en Roma el 26 de junio.
Anna Maria Ribeiro da Silva, este es el nombre completo de Anita, la mujer que Garibaldi habia visto por primera vez en Laguna, en Brasile, en el 1839, “era una mujer alta, con la cara ovalada, los grandes ojos negros y los senos grandes”, cuenta el general en sus Memorias. Guapa y valiente, una mujer guerrera: esta es su imagen pintada por la hagiografía del Renacimiento. Indro Montanelli y Marco Nozza hacen un retrato “contra corriente” de Anita, una mujer que “durante las batallas, saludaba levantando su mano hacia las granadas que la rozaban, pero si no veía más su José se volvía loca”; una mujer muy celosa que quería a su lado un marido normal, pero que tuvo que resignarse por qué, como escribe Luciano Bianciardi en su “Antistoria del Risorgimento” recientemente reimprimido, Garibaldi “era uno de esos hombres con las hormigas en los calzones, que no pueden estar sin hacer nada”. El 31 julio Garibaldi llega con 2.500 hombres a los pié de las murallas de San Marino y pide acogida al capitán Belzoppi. Por la noche, con 250 hombres y Anita, huye desde la fortaleza para continuar su marcha hacia el mar. La tarde del 1 agosto, los fugitivos están en Cesenatico donde requisan 13 “bragozzi” – los grandes barcos pesqueros usados en el Adriatico – con los que podrán llegar a Venecia. Aquì Garibaldi, encuentra de nuevo al fiel Giovanni Battista Culiolo, llamado Leggero. El 2 agosto, a las 6,30 de la mañana, la pequeña flota zarpa desde Cesenatico. Anita es devorada por la fiebre. Por la tarde, entre Porto Garibaldi y Punta di Goro, los barcos son interceptados por cuatro barcos austriacos que empiezan a bombardearles. Los cañones disparan toda la noche y al amanecer del 3 de agosto 8 “bragozzi” fueron cogidos por los austriacos. El barco donde estaban Garibaldi, Anita, Leggero y padre Ugo Bassi apuntala a la playa de Magnavacca (a 7 Km. desde el Porto Garibaldi). El general, toma en brazo Anita y baja él en agua. Cuando llegue a la tierra firme manda a sus compañeros que se dispersaran. Con él se queda sòlo Leggero. En la playa hay un pobre habitante del valle buscando leña y que guía a los náufragos hacia un amparo de cañas, el “capanno Cavalieri” (hoy  cerca del Lido delle Nazioni).

Mientras tanto desde Comacchio, Gioacchino Bonnet, patriota mazziniano, va a ayudar a los supervivientes. Cuando llega al cobertizo, Bonnet conduce a Garibaldi y a sus compañeros hasta Valle Isola, al la casa del Podere Zanetto, donde Anita será socorrida por la dueña de la casa, Teresa De Carli Patrignani. Bonnet vuelve a Comacchio para organizar la “trafila”, la huida de Garibaldi no será ahora hacia Venecia sino hacia el sur, hacia Ravenna y a las montañas (Appennini). La única manera para poder salvarse son las Valles de Comacchio, donde los austriacos no se atreven a  aventurarse.
Por primera vez las capacidades estratégicas de Garibaldi no pueden hacer nada. El general no conoce el territorio y por lo tanto tiene que confiar en la serie de generosos patriotas y habitantes de los valles, todos con sus raros motes. “Sgiorz”, “Scozzola”, Michele Cavallari llamado por todos “Gerusalemme”, “Tetavac”, “Erma Bianca”, “Bunazza”, Lorenzo Faggioli llamado “Nason” y Gaetano Montanari llamado “Sumaren”. Por la tarde el barco llega y ponen a Anita en un colchón en el fondo. A medianoche Garibaldi, Anita y Leggero llegan al “Casone di Valle” llamado “della Lanterna”, que en aquel tiempo estaba cerca de la iglesia de S. Maria in Aula Regia y al Loggiato dei Cappuccini en Comacchio. La huida sigue hasta Tabarra Agosta donde se cambian los barcos y la tripulación.
A las 8 de la mañana del 4 agosto, la “trafila” reanuda.
Hace un calor insoportable y llevan 5 horas para cruzar los Valles. Cuando a la una el grupo llega a la Chiavica Bedoni, en el banco izquierdo del Rio, Anita está agonizando. Hay que alcanzar con un carrito a la granja Guiccioli en Mandriole, el primer sitio donde se une la “trafila” de Comacchio con la de “Romagna”, como había prevenido Bonnet.
La granja está a menos de 3 kilómetros. Pero los fugitivos necesitan más de una hora y media para recorrer esa distancia. Cuando alcanzan Mandriole, allí encuentran al doctor Nannini, medico de S. Alberto, y Stefano Ravaglia, el granjero de Guiccioli.

Garibaldi escribirá en sus Memorias: “Nosostros los cuatro tomamos cada uno una esquina del colchón y llevamos a Anita a la cama de una habitación de la casa que estaba al final de una pequeña escalera. Mientras ponía mi mujer en la cama me pareció ver en su cara la expresión de la muerte. Le Tomé el pulso…no latía jamás. Tenía delante de mí la madre de mis hijos, que yo tanto quería, cadáver.”. Eran las 7 y 45 del 4 de agosto del 1849: a la edad de 29 años Anita moría en la granja de Mandriole llamada hoy la “casa rossa” (la casa roja).

Garibaldi desesperado se queda menos de una hora cerca del cuerpo de su mujer. Las patrullas austriacas se acercan. Y en desde este momento al drama se añade el misterio. La familia Ravaglia esconde el cuerpo de Anita enterrándola en la arena a las Motte de la Pastorara, a 800 metros de la casa, donde permanece hacia el 10 de agosto cuando una chica de 14 años, Pasqua Dal Pozzo, ve una mano aparecer en la superficie. Las autoridades ponticificias exhuman el cuerpo. Una superficial autopsia, desviada por los raros signos que ella tiene en su cuello, establece que la mujer ha sido estrangulada.
Detienen a los hermanos Ravaglia acusándolos de homicidio. ¿Motivo? Habrían matado a Anita para obtener el “tesoro de Garibaldi”. La noticia de este misterioso tesoro escondido se difunde en las Valles y alcanza también Stefano Pelloni, el “Passator Cortese”, un bandolero que vive en esos territorios. Pelloni busca por todas las Valles hasta que, perdida toda esperanza de encontrar el tesoro por su cuenta, se va a casa de la familia Ravaglia para pedir “su parte”. Los dos hermanos intentan explicarle que no saben nada del tesoro y, al final lo “convencen” dándole la enorme suma de 1.434 chelines.

Después de haber abandonado la casa de Mandriole y el pueblo de Sant’Alberto, Garibaldi y Leggero siguen huyendo hacia la pinar alrededor de Ravenna hacia el Capanno del Pontaccio donde los encontramos al empezar de nuestra historia. Desde aquí, superado los Apeninos, llegaran el 2 de septiembre a Cala Martina, en el norte de Grosseto, donde zarparan hacia la Liguria. En las Valles de Comacchio y en las ciénagas alrededor de Ravenna alguien sigue hablando sobre el fabuloso tesoro del Héroe.
Cuentan que diez años después, cuando Garibaldi vuelve como triunfador en esos sitios, un viejo, ex-combatiente de las guerras napoleónicas, le dice: <<Aquí perdisteis mucho>>. El general contesta: <<No tenía dinero>>. Pero en ese sitio Garibaldi había perdido la cosa más preciosa qué tenía: su dulce, valiente, Anita.
















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